4 de febrero de 2018

SOBRE EL LIDERAZGO

Estos días he tenido un interesante debate con un grupo de alumnos. Explicábamos los diferentes principios de management que rigen cuando operamos en el núcleo de negocio, o salimos fuera del mismo para explorar nuevas oportunidades. La tensión entre explotación y exploración es un viejo dilema en management. El núcleo de negocio (core business) tiene fuerza gravitatoria, atraerá todos los recursos que intenten alejarse de su órbita. El ADN empresarial está diseñado para operar en el core, explotar el núcleo de negocio hasta la última gota de rendimiento. Núcleo que, al final, es la zona de confort: es terreno conocido, y seguro (al menos en el corto plazo).

Competir en el núcleo es como una guerra defensiva. Nos toca atrincherarnos, esperar los envites del enemigo, agachar la cabeza, y rezar para que las balas pasen por encima. Es guerra estática y de desgaste. Como los últimos de Filipinas, la estrategia es aguantar un día más, esperando que llegue el milagro. Por el contrario, salir del núcleo en actividades innovadoras tiene otros principios. Es el prolegómeno de la guerra ofensiva. Salir de la frontera organizativa y explorar nuevos territorios (nuevas combinaciones de producto y mercado, nuevas tecnologías, nuevos modelos de negocio) requiere un mindset explorador y aventurero.

¿Qué caracteriza al líder innovador? O, dicho de otro modo, ¿qué caracteriza a un líder? Porque ya hemos dicho muchas veces que el liderazgo está asociado a la innovación (o, como mínimo, al cambio). No se puede liderar sin cambiar nada (¿alguien puede liderar un conjunto de estatuas inmóviles? ¿alguien puede liderar un conjunto de rutinas fosilizadas?). Y no se puede cambiar nada sin liderazgo, sin energía emocional que traccione una organización (o una parte de ella) y la impulse a saltar sobre la frontera organizativa y aventurarse en terreno desconocido. Ese salto genera adrenalina, tensión creativa, crecimiento personal y nuevo conocimiento. Los antiguos griegos sabían algo de ello: motivar y emocionar tienen la misma raíz griega que “mover”. Nos motivamos y nos emocionamos cuando nos movemos. Cuando nos convertimos en estatuas organizativas, nos aburrimos y nos oxidamos.


Discutíamos con los alumnos las características del líder. Y el resultado fue sorprendentemente elegante: el líder tiene las “3 C’s”: Conceptualiza, Comunica y Convence. El líder debe imaginar nuevos horizontes, desarrollar nuevos conceptos (más allá del perímetro del core business). Debe, en definitiva, conceptualizar un nuevo escenario de futuro. Debe comunicar de forma inspiradora ese nuevo escenario. Y finalmente, debe convencer a su equipo, a sus stakeholders y a sus superiores de la bondad de ese nuevo futuro. Convencerlos para inducir su movimiento, para influirlos. Quien conceptualiza sin comunicar ni convencer suele plantear visiones irrealizables: es un soñador. Quien comunica sin conceptualizar ni convencer suele lanzar palabras vanas: es un charlatán. Quien convence sin conceptualizar ni comunicar suele hacerlo por la fuerza: es un déspota. Sólo quien conceptualiza, comunica y convence es capaz de motivar, emocionar y mover a sus equipos: es un líder.

2 comentarios:

  1. Hay una tercera vía, más poderosa incluso que un líder con las 3´cs. Es un equipo participando en la creación de una visión compartida y en la estrategia de la empresa. Donde su opinión e ideas cuentan. Aunque luego tome las decisiones el líder. No hay nada más motivador (para ejecutar con entusiasmo) que ser partícipe del futuro de una organización.

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  2. De acuerdo con javier. De manera simultánea, y aparentemente inconexa, están surgiendo, a nivel mundial, docenas de ejemplos de empresas que evolucionan hacia un funcionamiento al estilo de un ecosistema en armonía, en el que las personas son autónomas y plenas, y ejercen un liderazgo al cuidado del equilibrio del ecosistema. Esta evolución pone a la persona en el centro de la organización, y a las relaciones entre las personas como el más relevante factor diferenciador y de éxito al que se puede aspirar: pasar de unas relaciones basadas en el poder, el control, la opacidad, la competitividad, la lucha de intereses ‘de suma cero’, el utilitarismo y el individualismo, a organizaciones basadas en la transparencia, la confianza, la colaboración, la participación, la libertad y la responsabilidad, la generosidad y la consecución del proyecto común y el éxito compartido. Gracias Xabier.

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