13 de diciembre de 2017

TRABAJAR Y SER POBRE

Según Intermón Oxfam, el salario medio de los trabajadores mejor remunerados en España es unas 10 veces superior al de los peor pagados. En las empresas del Ibex, un primer ejecutivo gana 112 veces el salario medio de sus empleados, y 207 veces el sueldo más bajo. Desde que estalló la crisis, el número de millonarios en España se ha incrementado en un 60%, pero también han subido un 35% las personas que no llegan a ganar 6.000 € anuales. Los sueldos en el último año han bajado un 0,8%. Según la Universidad de Comillas, en su reciente estudio Familia 2017, el 42'5% de las parejas jóvenes no pueden formar un hogar. El paro en menores de 25 años, supera el 40%. Si, antes de la crisis, ser mileurista era un infortunio, hoy casi es un privilegio.

Perdemos prosperidad y, a pesar de los indudables avances globales que han sacado de la miseria a millones de personas, especialmente en zonas hasta hace poco consideradas "tercer mundo", como China, las economías avanzadas afrontan un problema masivo de desigualdad. Una desigualdad que no sería crítica si todos los segmentos sociales ascendieran y ganaran capacidad adquisitiva, aunque algunos de ellos lo hicieran más rápidamente. El problema es que la riqueza se concentra de forma acelerada en segmentos cada vez más exclusivos de la sociedad, mientras capas cada vez más amplias de europeos y americanos tienen dificultades crecientes de acceso a sanidad, y educación (e, incluso, a alimentación). Mientras la productividad (inducida por el cambio tecnológico) se ha incrementado en un 250% en EEUU desde 1975, los salarios se han visto inalterados en los últimos 40 años (descontando la inflación). Según la consultora McKinsey, 800 millones de puestos de trabajo se ven amenazados por robotización en los próximos años. La digitalización acelerada del mundo volatiliza antiguas cadenas de valor físicas y las transforma en cadenas virtuales. Cada vez hay menos oferta de trabajo, y mayor inestabilidad laboral. La creciente competencia por un empleo hace que los salarios tiendan a la baja, y la población se precarice de forma implacable. Una nueva clase social está emergiendo, los “Working Poor", aquellos que, aun teniendo un trabajo, no pueden escapar de la miseria. Uno de cada cinco españoles vive por debajo del umbral de la pobreza (con unos ingresos netos anuales inferiores a 8.000 €). En el Reino Unido o Alemania, el 15% de la población vive por debajo de este umbral, en un momento donde se incrementa el número de mega-millonarios globales: las ocho personas más ricas del mundo acumulan un patrimonio de 426.000 millones de dólares, equivalente al del 50% de la población mundial. Jeff Bezos (fundador de Amazon) acaba de superar a Bill Gates (Microsoft) como la persona más rica del mundo, con un patrimonio superior a los 90.000 millones de dólares. Entre el resto de afortunados figuran Carlos Slim (magnate mexicano), Mark Zuckerberg (Facebook), o Amancio Ortega (Zara). Si redujéramos el patrimonio de estas ocho personas a la mitad (y está claro que con esta medida no les dejaríamos a la miseria), podríamos multiplicar por dos el patrimonio de media humanidad.


Por primera vez en la historia, el mundo no afronta un problema de producción, sino de distribución de la riqueza. Según el World Economic Forum, la expansión de la desigualdad es el principal riesgo económico actual. Paradójicamente, esta desigualdad llega en un momento de revolución tecnológica: nunca como ahora la tecnología nos había ofrecido tantas posibilidades productivas y transformadoras. La época del big data, el internet of things, la inteligencia artificial, la medicina personalizada o la genómica avanzada es una época de inestabilidad y conflicto. La tecnología trae progreso, pero también paro. Nos encontramos en un punto de bifurcación: la humanidad puede optar por un escenario de abundancia y productividad, una forma renovada de capitalismo social distributivo; o avanzar hacia un tecnofeudalismo donde las rentas se concentren en capas cada vez más pequeñas de afortunados inversores y emprendedores de éxito, excluyendo a la mayoría del potencial bienestar global. Son necesarias medidas urgentes. El malestar generado por la desigualdad y la incertidumbre económica ya está dibujando un peligroso panorama de tensiones geopolíticas y liderazgos populistas. Es imprescindible acelerar el cambio tecnológico, y buscar formas redistributivas del valor generado. Y, desgraciadamente, parece que no vamos por buen camino: los salarios, la alarmante evolución del fondo de pensiones, el endeudamiento, o las paupérrimas estadísticas de I+D, recientemente publicadas, no anticipan unos años de bonanza.

Artículo originalmente publicado en ViaEmpresa

1 de diciembre de 2017

LAS LEYES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

En 1976, un profesor italiano que impartía clases en Berkeley, Carlo M. Cipolla, escribió un magistral ensayo sobre lo que él percibía como una de las mayores amenazas de la humanidad: la estupidez. Para Cipolla, los estúpidos son abundantes, son irracionales y causan problemas sin generar beneficio para nadie. No hay defensas para la estupidez. Si descubre un estúpido, evítelo. El resto de la población se ve obligada a trabajar el doble para paliar los efectos destructivos de la estupidez.

Cipolla segmentó los perfiles humanos en una genial matriz. Podemos encontrar individuos que, en su toma de decisiones, generen valor para ellos mismos, o lo destruyan. Y, en cada caso, podemos encontrar individuos que generen valor para la comunidad, o lo destruyan. Aquéllos con la habilidad suficiente para crear valor para el conjunto, generando a su vez beneficios para ellos, son los llamados “inteligentes”. Un inteligente puede aprovechar a la comunidad para sus propios fines, pues todos salen ganando. Es el famoso “win-win”, o comportamiento cooperativo.  Pero si, para conseguir beneficios propios, destruimos valor para el conjunto, entonces somos unos “malvados”. Por el contrario, si para generar valor para el conjunto sacrificamos beneficios propios, seremos unos “ingenuos”. Finalmente, si con nuestras acciones destruimos valor para todos (para nosotros y para los que nos rodean), entonces somos unos “estúpidos”.

Cipolla progresó en su razonamiento, proponiendo cinco soberbias leyes de la estupidez:

1- Siempre, e inevitablemente, tendemos a subestimar el número de estúpidos en circulación. Pensamos que los que nos rodean son inteligentes por defecto, pero el número de estúpidos siempre es superior a nuestras percepciones. Básicamente, porque creemos que el comportamiento estúpido es imposible por absurdo (hasta que queda en evidencia, en ocasiones a niveles inimaginables), y porque muchos estúpidos se esconden tras importantes cargos, posiciones, o niveles educativos.

2- La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona. La estupidez es transversal, y aparece independientemente de la raza, sexo, religión, nacionalidad, profesión, edad, educación, preferencias políticas, experiencia o cualquier otra característica de la persona.

3- Un estúpido no puede evitar causarse daño a sí mismo, causando a su vez daño a su entorno. Para Cipolla, esta era la “Regla de Oro de la Estupidez”. Los inteligentes pueden llegar a entender el comportamiento perverso o ingenuo, pues, al fin y al cabo, ambos son racionales. Un malvado buscará su beneficio aún a perjuicio del de otros, pero su egoísmo puede llegar a interpretarse. A un ingenuo no le importará tener pérdidas personales si el conjunto sale ganando, y eso puede entenderse como "generosidad". En ambos casos, una vez identificado el perfil, su comportamiento es previsible. Sin embargo, los estúpidos son irracionales y, por tanto, volátiles e imprevisibles. Pueden tomar decisiones absurdas, suicidas y autolesivas, estropeando lo que tocan, comprometiendo al que interacciona con ellos, generando pérdidas por donde pasan e insistiendo en sus errores.

4- Un no-estúpido tiende a desestimar las consecuencias catastróficas de relacionarse con un estúpido. Tratar con un estúpido, en cualquier circunstancia, es un error de consecuencias imprevisibles. La magnitud de la estupidez puede no tener medida. Como decía Einstein, “sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana (y de lo primero, no estoy seguro)”.

5- Un estúpido es más peligroso que un malvado. A fin de cuentas, el comportamiento y las maniobras de un malvado son comprensibles (busca su progreso personal a toda costa), y por tanto sus objetivos son previsibles y anticipables. Sin embargo, el estúpido goza de estupidez creativa: jamás dejará de descolocarnos con nuevas ocurrencias absurdas.

Yo añadiría una sexta ley (ésta, de cosecha propia): La estupidez atrae más estupidez. Dado que los inteligentes y los malvados los evitarán para impedir que les generen perjuicios, los estúpidos tienden a trabajar preferentemente con otros estúpidos. A ellos, se les suelen añadir ingenuos, a los que no les importa hacerse daño a sí mismos. Los cúmulos de estúpidos e ingenuos tienden a crear sus propias creencias y códigos de comportamiento. Derivan en subculturas y clanes. Si un malvado detecta una oportunidad para él en un cúmulo de estúpidos e ingenuos, y se pone a liderarlos, la resultante puede derivar en secta.

Para Cipolla, nada se puede hacer con los estúpidos. Como la proporción de estúpidos en todas partes es la misma, la diferencia entre sociedades que colapsan bajo el peso de sus cúmulos de estúpidos, y aquéllas capaces de prosperar, se debe a la mayor o menor habilidad y capacidad de trabajo de los no-estúpidos, que evitarán que los estúpidos copen posiciones de poder, y que, en todo caso, se verán obligados a compensar los desastres creados por ellos.


Mire a su alrededor, y analice cuántos estúpidos detecta. Aléjese de ellos. Es imposible anticipar su comportamiento. Cuando se enfrente a un estúpido, estará en desventaja competitiva, pues usted será cautivo de su propia racionalidad, mientras que el estúpido será incapaz de calibrar las consecuencias destructivas de sus actos.

24 de noviembre de 2017

LAS 10 FUNCIONES DEL CIO

Se está consolidando la figura del Chief Innovation Officer (CIO) como máximo responsable de la innovación corporativa. En ocasiones, incluso al nivel de un director general, dependiendo del consejo de administración o de la presidencia. Mientras el máximo responsable ejecutivo (CEO) se centra en la gestión del día a día, en maximizar la eficiencia operativa y en expandir y fidelizar los clientes actuales, el máximo responsable del proceso innovador (CIO), se responsabiliza de la generación de nuevo conocimiento e ideas, y del desarrollo de las unidades de negocio del futuro (a menudo, alejadas del núcleo operativo y de los mercados actuales). Con este despliegue organizativo se resuelve el dilema explotación – exploración, que sabemos que requiere de perfiles de liderazgo, culturas organizativas, sistemas y procesos de naturalezas diferentes.

¿Cuáles son las 10 funciones básicas del CIO? Fundamentalmente:

1- La creación de un ecosistema corporativo de innovación abierta. La innovación, especialmente la más disruptiva, difícilmente se originará dentro de la estructura operativa clásica. Los empleados y directivos del core business están atrapados por el viejo paradigma, e intentarán seguir conduciendo hacia el futuro mirando por el retrovisor. Hoy sabemos cuán necesarios son los flujos de información, conocimiento e ideas externos para dar lugar a innovaciones de mayor nivel de diferenciación. Pero para conseguir estandarizar esos flujos, es importante rodearse de una constelación de agentes (proveedores, clientes, universidades, centros de investigación y tecnología, expertos, consultores, líderes de opinión, emprendedores…) que nos aseguren una aportación constante de nuevas ideas y conocimiento. El deal flow (aportación de ideas) es la mano que mece la cuna de la innovación.

2- El establecimiento de focos de innovación alineados con la estrategia corporativa. La exploración fuera del core business ofrece posibilidades infinitas. ¿Por dónde empezamos? ¿Intentamos innovar en producto? ¿En proceso? ¿En formas de comunicar? ¿En modelo de negocio? ¿En experiencia de consumidor? ¿En tecnología? Y, ¿sobre qué campos de futuro exploraremos? ¿Queremos desarrollar oportunidades sobre sostenibilidad medioambiental que posicionen nuestra empresa en ese campo? ¿Queremos ser los primeros es trabajar y expandir las posibilidades en internet de las cosas? ¿O en inteligencia artificial? ¿Queremos desarrollar un nuevo nicho de mercado, para perfiles de edad diferentes a los que abordamos actualmente? ¿O queremos abordar otros mercados, ajenos a los actuales, pivotando sobre nuestras capacidades esenciales? Todo ello son preguntas que deben responderse desde un planteamiento estratégico de la innovación, determinando la dirección de la misma mediante áreas focales de especial potencial de crecimiento, sobre las cuales centrar el proceso explorador.

3- La generación sistemática de ideas. El ecosistema de soporte es una estructura externa a la organización. Una vez determinados los focos de innovación (las áreas prioritarias para explorar), es preciso activar ese ecosistema mediante una sistemática de búsqueda consciente y deliberada de oportunidades. Para ello, el CIO debe programar reuniones periódicas y dirigidas con los agentes del ecosistema, hibridándolos con personal interno y con perfiles ajenos (expertos, emprendedores con experiencia en las áreas de potencial innovación, diseñadores, tecnólogos -e incluso, por qué no, artistas, escritores, pintores, o personas con especial sensibilidad creativa-) para que participen en las lluvias de ideas. En este ámbito, es importante trabajar con metodologías específicas de creatividad. El objetivo: la generación de carteras sistemáticas de ideas susceptibles de ser convertidas en nuevos proyectos de innovación.

4- La prospectiva de nuevas tecnologías de futuro. El CIO debe responsabilizarse también de la generación de nuevo conocimiento, realizando un seguimiento exhaustivo de las nuevas tecnologías emergentes (para ello, existen metodologías e instrumentos avanzados de prospectiva tecnológica), y evaluando el potencial impacto que pueden tener en el core business; y las posibilidades de apalancamiento de nuevas oportunidades en base a las mismas a lo largo de todas las dimensiones del negocio. El objetivo: ser los primeros en capturar las oportunidades de las tecnologías emergentes. Para ello, suele ser preciso realizar I+D exploratoria con apoyo de los agentes del ecosistema. El CIO es también el responsable de la articulación y buen funcionamiento de los procesos de I+D de la empresa.

5- La selección de ideas para convertirlas en oportunidades reales de negocio. Las ideas (provenientes de detección de nuevas oportunidades en el mercado, o de nuevo conocimiento técnico) se convierten en oportunidades reales mediante procesos de selección y filtro, que deben responder a criterios muy pautados, cualitativos y cuantitativos. El CIO debe establecer matrices de decisión, y presentar las propuestas, bien documentadas, al consejo de administración. Los procesos de selección de ideas pasan por evaluaciones del tamaño del mercado, del grado de diferenciación de la propuesta, de la posibilidad de obtener ingresos recurrentes, de la existencia de sinergias con el core business, o de la posibilidad de proteger la innovación, entre otras.

6- La constitución y seguimiento de equipos de innovación. Una vez seleccionadas las ideas, se deben constituir equipos de desarrollo de las mismas. Las ideas se convierten en nuevos proyectos, liderados por equipos humanos. Los equipos de innovación deben estar formados por individuos con mentalidad emprendedora, orientados a la iniciativa y a la acción. En ocasiones, a la improvisación. Deben explorar territorios de negocio alejados del core business tradicional. Y deben estar incentivados de acuerdo con resultados asociados al valor que generan. Un sistema de innovación eficiente es capaz de atraer talento hacia los procesos de innovación, tanto por el reto que suponen, como por el potencial aprendizaje adquirido, como por los beneficios personales que se vayan a obtener. El CIO debe diseñar ese sistema de incentivos, seleccionar a los integrantes de los equipos, y pactar todo ello con el CEO.


7- La dosificación de recursos a modo de “capital riesgo corporativo”. El inicio de un proyecto de innovación es el momento de máxima incertidumbre del mismo. Debe ser, por ello, el momento de mínima inversión. Las fases iniciales del proyecto son fases de recogida de información, análisis e investigación (sin inversiones hard). La incertidumbre disminuye a medida que tenemos más datos, y contrastamos las sucesivas hipótesis de mercado que se van planteando. El CIO debe ir dosificando recursos crecientes a medida que se constaten las posibilidades de éxito real del proyecto, en aproximaciones de inversión escalada y creciente. Las fases iniciales son de prueba y prototipaje, y las inversiones importantes (si las hay) se deben dar en las fases finales, de proximidad al mercado. La lógica de avance de proyectos debe ser “stage-gate” (pasa/ no pasa en un sistema de evaluaciones o puertas de control), con una lógica similar a la del capital riesgo. El presupuesto de innovación (gestionado por el CIO) es un presupuesto de capital riesgo corporativo. Para algunos proyectos, en fases de incubación y aceleración, se contemplarán coinversiones con otros posibles socios, y la creación de spin-out’s corporativas. Es aconsejable disponer de “comités de innovación abierta” (con expertos externos) de soporte al CIO, a modo de “consejos de administración” del proceso de innovación o “comités de inversión”, en los cuales se debatan las decisiones sobre el avance de los proyectos.

8- El aprovechamiento de los sistemas de apoyo a la innovación. Todo país competitivamente sano, y aspirante a seguir en ese estado, debe disponer de sistemas de soporte a la I+D: ayudas directas, créditos blandos, fiscalidad favorable, compra pública innovadora, préstamos participativos… Las diferentes capas administrativas ofrecen diferentes instrumentos de apoyo (sistemas regionales, nacionales o continentales de I+D), en ocasiones de difícil comprensión y gestión. Es misión del CIO optimizar los recursos y retornos financieros de la innovación, conociendo y usando el mapa de instrumentos existentes.

9- La generación de un cuadro de indicadores de seguimiento del proceso innovador. El CIO debe diseñar y gestionar un cuadrante de indicadores (KPIs, Key Performance Indicators) del proceso innovador. Indicadores que pueden ser de input (presupuesto de innovación, personas destinadas, comparativa de recursos destinados respecto a la media del sector…), intermedios (número de ideas generadas, número de proyectos en curso, número de patentes registradas, desviaciones en los presupuestos, time-to-market de las ideas…), y finalistas (porcentaje de facturación debida a los proyectos de innovación, porcentaje de facturación de productos de menos de 3 años, beneficios de las patentes comercializadas, beneficios de las nuevas unidades de negocio, retorno sobre las inversiones en innovación…)

10- La retroalimentación hacia el core business de las oportunidades sinérgicas. El CIO ha de realimentar el core business con el nuevo conocimiento y las ideas generadas, apoyando la industrialización o la puesta en marcha de dichas ideas en la estructura del núcleo de negocio (si se precisan recursos internos -como líneas de proceso- para desarrollarlas). Por último, el proceso innovador, dirigido por el CIO, ha de erigirse en el gran proceso de información, conocimiento e inteligencia competitiva del core business.


CIO frente a CEO. Exploración frente a Explotación. Innovación frente a excelencia operativa. Dos dimensiones de la actividad empresarial, ambas imprescindibles, que deben convivir, compenetrarse y apoyarse mutuamente, manteniendo culturas, procesos, sistemas y perfiles de liderazgo diferentes. La emergencia y consolidación de la figura del CIO, complementaria a la del CEO, se apunta como la gran solución al dilema de la ambidextria organizativa, uno de los grandes caballos de batalla del management del siglo XXI.

18 de noviembre de 2017

HUMANOS DIGITALES

La tecnología está avanzando a pasos agigantados en la reproducción artificial de habilidades reservadas hasta ahora, exclusivamente, a los humanos. Habilidades motrices, cognitivas y sociales. Éste es un campo en el que veremos cosas extraordinarias en los próximos años. Mientras la imagen mental que tenemos de los robots es la de unos torpes androides con dificultades incluso para andar, esta semana, la empresa Boston Dynamics ha mostrado su última generación de robots Atlas, capaces de… ¡dar saltos mortales hacia atrás! Una auténtica maravilla de la ingeniería mecánica y el software de control, algo que los expertos, hace sólo un año, pensaban que tardaría décadas en conseguirse.



Pero el progreso no solo se materializa en las capacidades motrices, que cada vez se aproximan más a las humanas. AVA, un avatar digital desarrollado por la empresa Autodesk, junto con Soul Machines (start-up especializada en inteligencia artificial para simulación de emociones humanas), está equipado con un sistema nervioso virtual capaz de convertirse en una fuente de empatía ante posibles interlocutores humanos. AVA es una creación digital hiperdetallada, en gráficos 3D, a imagen de un humano real. Soul Machines está comercializando líneas de avatares digitales para uso en procesos de atención al cliente. Air New Zealand está empezando a utilizarlos. Los avatares están creados mediante modelación por computador de la estructura ósea, la piel, y las expresiones que configuran naturalidad y aspecto humano real a la cara. Mientras Autodesk provee el diseño gráfico hiper-realista, Soul Machines dota a los avatares con inteligencia artificial para interpretar las expresiones de los clientes, adaptar sus propias expresiones faciales, y modular la voz para mantener una conversación real. El modelo de negocio en costumer service está claro: en lugar de contratar una persona, una empresa podrá alquilar horas de su avatar digital como un servicio web. 



En medio de todas estas corrientes futuristas que hoy nos están invadiendo, yo no creo en la famosa “singularidad” (momento mítico, punto de inflexión en el cual una máquina podría tener una inteligencia superior al hombre). Para algunos futuristas, ese momento sería como un “agujero negro”, más allá del cuál es imposible adivinar qué puede pasar. No hay visibilidad tras la singularidad. Lo que sí creo es que pronto superaremos el “test de Turing” (según el cual un humano interactuará con una máquina sin darse cuenta de que es una máquina -pensando que es otro humano-). Ese momento está a punto de llegar.  Los próximos años veremos un progreso sin precedentes en la adición de atributos humanos a las máquinas. Pensemos en cómo era un avión en 1901, cuando los hermanos Wright consiguieron que su primer prototipo volara. Pensemos en cómo es un moderno Eurofighter. Si el progreso en el desarrollo de humanos digitales es similar, y Atlas o Ava son comparables al primer aeroplano de los hermanos Wright, al ritmo actual de cambio tecnológico, muy muy pronto interactuaremos con máquinas pensando que son humanos reales. Al final... ¿llegaremos a enamorarnos de nuestro avatar digital?




14 de noviembre de 2017

LAS CIUDADES MÁS INTELIGENTES DEL MUNDO

EasyParkGroup, una startup dedicada a optimizar datos de aparcamiento en ciudades, ha hecho público su Smart City Index 2017, un completísimo estudio sobre las ciudades más preparadas para el futuro. La investigación analiza 500 ciudades de todo el mundo, evaluando 19 categorías: eficiencia en el control del tráfico, parking inteligente, energía limpia, tratamiento de residuos, educación, ecosistema emprendedor, extensión de WiFi, digitalización de los servicios públicos, edificación inteligente, urbanismo, participación ciudadana, calidad de vida, acceso 4G y protección del medio ambiente, entre otros. Barcelona queda en una honrosa posición 53, por delante de ciudades como Milán (60), Bruselas (63), Lisboa (64) o Hong-Kong (68). Madrid está ligeramente mejor (posición 51).

Este ranking constituye uno de los trabajos de mayor profundidad realizados sobre el tema de las smart cities, elaborado a partir de más de 20.000 entrevistas a agentes públicos y privados de las ciudades analizadas, y aparece en el momento de celebración de la gran feria mundial del campo, el Smart City Expo World Congress de Barcelona, ​​del 14 al 16 de noviembre. Para los autores, una "smart city" debe ser una ciudad fuertemente digitalizada, con penetración de red 4G, alta densidad de puntos WiFi, y muy elevado ratio de uso de telefonía móvil. Pero también debe ser una ciudad sostenible (con extensión de energías renovables) e inmersa en un sistema de tráfico controlado por datos (inteligente y optimizado). Una “ciudad inteligente” está orientada al desarrollo de un ecosistema empresarial innovador y global, con elevada calidad de vida, y con la existencia de un marco institucional y político que potencie la innovación y el desarrollo tecnológico.

La ciudad más inteligente del mundo es Copenhague, seguida de Singapur y de Estocolmo. Copenhague destaca por su vibrante ecosistema de startups, su bajo grado de congestión de tráfico, y su propuesta de convertirse en ciudad totalmente libre de CO2 en 2025. Singapur cuenta con una de las redes públicas de transporte más eficientes del mundo. Estocolmo se caracteriza por el uso de las energías limpias, en un país (Suecia) que ya se alimenta de energías renovables en más del 50%. Entre las 10 primeras ciudades hay cinco de europeas (Copenhague, Estocolmo, Zurich, Amsterdam, y Ginebra), dos de asiáticas (Singapur y Tokio), dos estadounidenses (San Francisco y Boston), y una de australiana (Melbourne). La vieja Europa queda en buena posición en el ranking, especialmente los países del Norte, que hace tiempo que trabajan en su renovado contrato social: los gobiernos disponen las condiciones de contorno idóneas para la innovación y el desarrollo tecnológico (fiscalidad, incentivos, legislación favorable y estrategia a largo plazo), y los agentes privados crecen, generan ecosistemas y crean empleo de calidad. Asia crece y reconfigura el mapa mundial de la innovación, con una brutal apuesta por el desarrollo tecnológico: la zona de Tokyo es la más intensiva en la creación de patentes (94.000 patentes registradas entre 2010 y 2015, mientras Londres ha registrado unas 6.000, y Barcelona unas 2.000 en este periodo). Las emergentes ciudades asiáticas son claramente ciudades "techies", tecnológicamente avanzadas y con una demanda ciudadana muy sofisticada y exigente en nuevas tecnologías. Mientras, en Estados Unidos, San Francisco y Boston siguen liderando la innovación del país. E, incluso en la América de Trump, existen planes estratégicos para conseguir que California y Massachussets se alimenten totalmente de energías renovables 2050.


Una ciudad es un increíble ecosistema vivo y dinámico, con agentes públicos y privados que interactúan y generan valor económico, social y cultural (emprendedores, empresas, instituciones públicas, ciudadanos, consumidores, universidades, centros de investigación, living labs, laboratorios de fabricación (fablabs), incubadoras, aceleradoras, infraestructuras singulares y emblemáticas, centros culturales ...). La extensión de la digitalización, la internet de las cosas y el big data permiten que emerjan capas superiores de inteligencia que optimicen esta dinámica, y conviertan la ciudad en un eficiente sistema productivo e innovador, atractor de talento y generador de bienestar. Grandes megaorbes están surgiendo en el mundo, en un proceso acelerado de urbanización. 65 millones de personas migran cada año del campo a las ciudades, en todo el mundo (y, principalmente, en Asia), convirtiéndose instantáneamente en ciudadanos y consumidores de estándares globales (con acceso a internet, servicios financieros, educación, y salud). Las smart cities ya están maduras. Las ciudades se convierten en grandes laboratorios de innovación y tecnología. Quizás el mundo del futuro no será un mundo de países, ni siquiera de regiones. Como la antigua Grecia, tal vez el mundo que viene es un mundo de ciudades inteligentes.

(Artículo publicado en ViaEmpresa, el 14/11/2017)

9 de noviembre de 2017

LA PRÓXIMA VENTAJA COMPETITIVA

La Inteligencia Artificial (IA) liderará la nueva ola de disrupción digital. Si hace sólo un año nos maravillábamos de cómo una máquina de Google batía al 18 veces campeón mundial de Go, el coreano Lee Sedol, esta semana hemos conocido que la nueva versión del mismo algoritmo ha ganado por 100 a 0 a la versión de hace un año. Y lo ha hecho aprendiendo Go sin intervención humana: observando partidas y jugando contra sí misma. El progreso en la IA es exponencial, y avanza en diferentes frentes. Los algoritmos digitales tienen crecientes capacidades cognitivas, en atributos asociados exclusivamente, hasta hace poco, a los humanos: demuestran estrategia, creatividad y emociones. Parece ciencia-ficción, pero no lo es. La tecnología está lista para saltar al mercado, en una situación similar a la de internet en 1995. Sabemos que tenemos un poder transformador entre las manos, pero no sabemos cómo lo vamos a utilizar, ni qué nuevos modelos de negocio van a emerger. La IA desarrolla pensamiento estratégico y capacidades creativas: algoritmos digitales componen poemas y baladas pop, escriben guiones para cortos cinematográficos, diseñan logos y redactan artículos periodísticos. Aprenden de los trazos de Rembrandt, o de las partituras de Bach para pintar cuadros emotivos y componer sinfonías vibrantes. Sistemas de visión artificial aplicados a la venta identifican el estado emocional o la propensión a la compra de un cliente. En China, estos sistemas se quieren implementar para identificar potenciales criminales en base a su expresión facial. Según investigadores de Oxford, las máquinas serán capaces de traducir lenguajes hacia 2024, desarrollar ensayos completos hacia 2026, y escribir best-sellers hacia 2049. En 2060, la práctica totalidad de tareas humanas podrían ser desarrolladas por algoritmos y robots.

En el mundo empresarial, la IA ofrece una nueva frontera de competitividad: la conquista del conocimiento experto (también llamado conocimiento tácito). Existe un tipo de conocimiento que no puede expresarse en rutinas lógicas, y por tanto no puede programarse en software. Por ejemplo, el mecanismo por el cual identificamos a una persona conocida entre un colectivo de individuos similares, o cómo ganamos maestría intuitiva en la conducción de un vehículo. Es la famosa paradoja del filósofo Polanyi: sabemos más de lo que podemos explicar. Hasta ahora, las máquinas estaban limitadas por el conocimiento humano: sólo procesaban aquello que codificábamos en su software. Ahora ya no. Pueden aprender y reprogramarse de forma autónoma hasta el límite de la eficiencia para tomar decisiones intuitivas y basadas en la experiencia (la suya y la de otros), sea jugando al Go, lanzando promociones de mercado o tomando decisiones estratégicas de inversión. Y cuando aprenden, propagan esa experiencia mediante actualizaciones de software a sus máquinas homólogas. Lo inquietante es que, de acuerdo con Polanyi, el programador humano pierde el control de lo que sucede: las máquinas saben ya más de lo que podemos entender.

Tardaremos poco tiempo en convertir esa capacidad inteligente de generación de conocimiento experto en ventajas competitivas. Las empresas se convertirán en sistemas de proceso de datos, capturando información de sus actividades y de su entorno; y tomando decisiones cada vez más eficientes, aprendiendo de la experiencia. La IA permitirá determinar y potenciar las dimensiones de producto más valoradas por el consumidor, anticipar las tendencias de mercado, segmentar dinámicamente los precios, evaluar la predisposición y el momento de compra idóneo del cliente, e incluso definir una estrategia competitiva, midiendo sus resultados y haciéndolo cada vez mejor. El cerebro digital de la organización será capaz de crear conocimiento experto único. La empresa con mejor estrategia competitiva será aquélla con mayor cantidad y calidad de datos, y mejor estrategia de IA. Las marcas se computerizarán para volverse smart brands. “Creamos marcas inteligentes. La inteligencia artificial es la base de todo lo que hacemos, el núcleo que da poder a esas experiencias”, según el director de innovación digital de Coca-Cola. Microsoft utiliza un sistema de IA para seleccionar los titulares de sus noticias MSN, premiándolo cuando se maximizan las entradas (adaptándose así a las preferencias de sus consumidores). Empresas farmacéuticas usan autómatas en sus procesos de I+D, para rastrear información clave entre miles de publicaciones científicas de su ámbito, y plantear nuevas hipótesis de investigación. Unilever utiliza algoritmos de IA para seleccionar nuevos empleados. JP Morgan, para predecir oportunidades de inversión. Las líneas aéreas de Nueva Zelanda han desplegado avatares digitales interactivos (“digital humans”) como terminales de atención al cliente, capaces de mantener una conversación humana (con habilidades sociales avanzadas), soportados en IA de IBM. 

Las empresas en la frontera digital, que realizan inversiones masivas en IA, se convertirán en los proveedores de inteligencia electrónica de organizaciones de todo tipo. El management requerirá entender el valor estratégico de la tecnología. Pronto, el uso de la IA llegará a la PYME. E igual que en el PC se popularizó la etiqueta “Intel Inside” como factor competitivo, como muestra de potencia de cálculo interna, muy pronto el sistema de IA de la empresa será un elemento crítico de diferenciación.  ¿Cuál será la primera compañía de automoción, gran consumo, distribución o ingeniería que veremos con un “IBM Inside” o un “Google Inside”? ¿Cuál el primer bufete de abogados o el primer consultorio médico? Nuevas cadenas de valor de IA se están formando, y muy pronto sus terminales llegarán a nuestros trabajos, a nuestros smartphones, a nuestros hogares o a nuestros automóviles.

(Artículo publicado en La Vanguardia, el 05/11/2017)


4 de noviembre de 2017

UN REPASO A LOS LÍDERES DE 2017

El año va acabando, y empiezan a aparecer los ránkings. El otoño suele ser época de ránkings, mediciones y evaluaciones. Price Waterhouse ha publicado su estudio anual sobre las empresas más intensivas en I+D. Este estudio es la evolución del legendario Top 1000 R&D Spenders de BoozAllen Hamilton. Ya anticipábamos hace unas semanas el sorpasso de Amazon sobre el antiguo líder, Volkswagen, la última empresa de la vieja economía en ser definitivamente batida del podio de la I+D. Cuatro empresas que operan en la esfera digital la han superado en un año: Amazon, Alphabet (Google), Intel y Samsung. Intel ha sido espoleada por la creciente demanda de microprocesadores para las cada vez más ubicuas aplicaciones de big data e inteligencia artificial. Samsung ha redoblado esfuerzos en I+D para mantener la competitividad de sus Galaxy en la carrera móvil. Estas cuatro empresas han batido la última muralla de la economía analógica. Es de esperar que un torrente de empresas digitales conquisten definitivamente la cima de la economía mundial en los próximos años. Amazon ha incrementado sus inversiones en I+D en un 22’2% en el último año. Alphabet lo ha hecho en un 11,5%, Intel en un 4’72%, y Samsung en un 5’5% mientras que Volskwagen las ha reducido en un 3’3%. Las tres campeonas del ránking invierten un total de 55.400 millones de dólares en I+D, lo que equivale aproximadamente a 3,6 veces el esfuerzo en I+D en España (público y privado). Entre las 10 primeras, 6 compiten en el dominio digital (Amazon, Alphabet, Intel, Samsung, Microsoft y Apple). 3 en farmacia (Roche, Merck y Novartis). Y sólo Volkswagen se mantiene en las posiciones de cabeza como representante del antaño orgulloso sector del automóvil. Toyota, Ford o General Motors, las empresas más intensivas en I+D antes de la crisis, siguen cayendo. El cambio de escenario mundial y la completa digitalización de la economía es un hecho.

También se ha hecho público recientemente el ránking de marcas más valiosas 2017, elaborado por Fortune. Cinco de las marcas más intensivas en I+D aparecen también en el podio de las diez más valiosas: Apple, Alphabet (Google), Microsoft, Amazon y Samsung. El resto: Facebook, Coca-Cola, Disney, Toyota y McDonald’s. 6 de las 10 marcas más valiosas del mundo son ya digitales, algunas de ellas nacidas hace menos de dos décadas.



Las grandes potencias digitales tienen ya presencias del 60% aproximado en los ránkings económicos, consolidando posiciones y realizando esfuerzos crecientes en I+D digital, en campos como machine learning, reconocimiento de voz y texto, visión artificial, o realidad aumentada. Nuevas generaciones de procesadores son exigidas para dar respuesta a las crecientes necesidades de proceso de datos, propulsando los desarrollos y las inversiones en ingeniería electrónica. Las viejas empresas analógicas serán cada vez más dependientes de proveedores digitales para construir capacidades que ahora no tienen. Esa es la dinámica de la generación de nuevas cadenas de valor digitales: alianzas entre gigantes digitales, capaces de ofrecer soluciones de computación e inteligencia electrónica, con viejos líderes industriales, cuyo poder quedará progresivamente diluido en favor de los primeros. Mientras, Tesla, una de las grandes promesas del universo startup que ha querido conquistar el mundo del desarrollo de producto a escala integrándose completamente hacia delante, se encuentra inmersa en su “manufacturing hell” (infierno de producción). Veremos si lo supera: de momento, el ritmo de combustión de cash sigue siendo extremadamente preocupante.

29 de octubre de 2017

BIENVENIDOS A LA ERA DISTRIBUTIVA

Hace años leí un interesante libro de Brian Arthur: The Nature of Technology, What It Is and How it Evolves. En él, Arthur, profesor experto en materias tan apasionantes como la teoría de la complejidad, analiza la esencia de la tecnología: su creación (siempre asociada a un agente humano), y su evolución. El cambio tecnológico es un fascinante proceso de emergencia aleatoria de tecnologías, de variación y selección darwinista de las más útiles, y de complementariedad y competición entre ellas, que ha sustentado progreso humano desde el Paleolítico.

Esta semana he vuelto a encontrar un apasionante texto de Arthur: Where is Technology Taking the Economy?, publicado en McKinsey Quarterly. Según el autor, la tecnología ha creado una “segunda economía”, una economía digital, virtual, y cada vez más autónoma. Me he alegrado de compartir esta visión. En algunos de mis artículos ya he alertado de la posibilidad de que el proceso tecnológico nos lleve a la creación de agentes virtuales, empresas totalmente digitales, capaces de generar valor económico absolutamente sin necesidad de presencia humana. Empresas que analicen digitalmente el contexto competitivo tomen decisiones (mediante algoritmos de inteligencia artificial), ordenen compras, dispongan de cadenas de suministro y líneas de proceso automatizadas, y vendan por canales digitales o mediante avatares en punto de venta sin ninguna presencia humana. Creo factible que empresas como General Motors, Boeing, Merck o Siemens compitan y produzcan en un futuro próximo mediante sistemas de decisión digitales, y robots, casi sin necesidad de personas. Para Arthur, esto marca un punto de inflexión crítico. Si hasta ahora el reto era la generación de valor, ahora es la distribución de ese valor. Yo añadiría más: si el reto del desarrollo económico hasta ahora ha estado en la oferta (perfección de la competencia y la producción), ahora estará en la demanda (estímulo del consumo) con un mercado de trabajo anémico y sociedades empobrecidas en las economías avanzadas. “La política cambiará, las creencias del mercado libre cambiarán, y las estructuras sociales también”, según el autor.

Para Arthur, el fenómeno se debe a entrar en una especie de tercera fase de desarrollo digital (en una lógica similar a la de la 4ª revolución industrial). En una primera etapa (1980-90), desarrollamos procesadores y potencia de cálculo. En una segunda (1990-2000), los conectamos mediante internet. Pero ahora, no sólo conectamos dispositivos y datos, sino que obtenemos patrones y referencias de los mismos. Océanos de datos son generados constantemente, y ahora disponemos de sistemas que permitan conectar la información. El famoso “connecting the dots” de Steve Jobs reaparece con fuerza. Algoritmos digitales pueden generar patrones: a partir de los pixels, reconocen una cara. A partir de los sonidos, reconocen una conversación. A partir de los datos históricos, reconocen una tendencia. A partir de las observaciones de fenómenos naturales, reconocen (o inducen) una nueva ley física. A partir de indicadores empresariales, reconocen una estrategia. Por primera vez, los ordenadores desarrollan una capacidad reservada hasta ahora a los humanos: la asociación de información para generar patrones lógicos superiores. Si esa información es inconexa y asocia conceptos no previamente relacionados, los patrones emergentes son patrones creativos. Se externaliza la inteligencia. Podemos estar ante un fenómeno similar al que significó la invención de la imprenta. Con ella, la información dejó de ser propiedad de una serie de monasterios aislados, y se abrió al mundo, con su impacto en la revolución científica posterior que originó la Ilustración, y desencadenó el capitalismo moderno. Ahora, es la inteligencia (el uso de la información) la que se externaliza a las conversaciones entre sistemas digitales autónomos.

¿Cuál será el efecto de la externalización de la inteligencia en los negocios (o, mejor dicho, de la commoditización de la misma)? No sólo la emergencia de nuevos modelos de negocio y de nuevas posibilidades empresariales, ahora impensables (el tiempo las irá desvelando). La extensión de la economía virtual tendrá un fuerte impacto en el mercado de trabajo (en esto también coincidimos con Arthur). Los economistas clásicos siguen defendiendo que, ante cualquier cambio tecnológico, los viejos empleos son substituidos por nuevos empleos. El automóvil supuso el fin de los conductores de carrozas y de múltiples artesanos del metal. Pero el balance fue positivo. Como la llegada del ordenador, internet o el teléfono móvil, creadores netos de industrias enteras. Pero ahora el escenario es diferente: una “twin economy” (economía gemela), digital, se está construyendo. Los empleos que desaparecen no son substituidos porque pasan a formar parte de esa economía virtual, son desarrollados por algoritmos. Empleos de carga cognitiva e inteligencia creciente. Quizá hemos llegado al “punto de Keynes” (quien predijo que en 2030 existiría producción en abundancia, pero desempleo masivo).

La conclusión de Arthur es que hemos iniciado la Era Distributiva, un nuevo tiempo donde la producción de bienes y servicios deja de ser un problema, y el gran reto es desplegar mecanismos de distribución eficiente del valor creado. Mientras en la vieja Era Productiva las políticas de desarrollo incentivaban el crecimiento económico (proyectado en el PIB), un nuevo mindset debe ser creado y desplegado cuando la gran restricción no es la producción ni el crecimiento, sino el acceso al trabajo y a los bienes. La Era Distributiva cuestionará los viejos principios del capitalismo ortodoxo y, para bien o para mal, será una era de intensa carga política. La producción y el crecimiento ya son sólo problemas de tecnología e ingeniería. La distribución del valor para evitar que el sistema colapse es un urgente problema político.



22 de octubre de 2017

LA ECONOMÍA DE LA FELICIDAD

¿Podemos dar una dirección moral a la economía? ¿Tiene todavía sentido la afirmación de Milton Friedman de que “el único objetivo de una empresa es crear valor para sus accionistas”? ¿A dónde nos lleva este pensamiento económico? Estamos en una encrucijada, un gran punto de bifurcación: la humanidad se puede encaminar hacia un mundo de abundancia, gracias a las nuevas tecnologías; o a una especie de tecno-feudalismo, dominado por una pequeña élite de opulentos inversores y creativos emprendedores, rodeados de una inmensa desigualdad y pobreza. La robótica, la inteligencia artificial, la genómica y los nuevos materiales sitúan a la humanidad ante un horizonte tan esperanzador como incierto. A un lado, el tren de la abundancia: recursos suficientes para todos, gracias a una tecnología liberadora, democrática, simplificadora de problemas y mejoradora de experiencias. Una tecnología que puede disociar a la persona del trabajo: el trabajo puede ser totalmente asignado a las máquinas. Y, al otro lado, el tren del feudalismo tecnológico: el desplazamiento despiadado de empleados por algoritmos digitales y autómatas. La desigualdad, la pobreza y la precariedad impulsada por una nueva versión de ultracapitalismo financiero y tecnológico. Detrás de esa precariedad, la desaparición de las democracias, la quiebra de los estados del bienestar, y la emergencia de extremismos políticos. En el tren de la abundancia, la máquina está al servicio del ser humano. En el otro, el hombre ha perdido su identidad en un mundo biónico y subyugado por el poder de la tecnoeconomía.

Mi nuevo libro, Economía de la Felicidad (Plataforma Editorial), escrito junto con Josep Maria Coll, examina la encrucijada a que nos enfrentamos y propone, sin negar los riesgos distópicos que acechan al porvenir de la humanidad, una hoja de ruta con las claves para aprovechar la oportunidad que representa la tecnología y las posibilidades que ésta abre para acabar con la pobreza, la desigualdad y el trabajo precario. La Renta Básica Universal es condición necesaria, pero no suficiente. Y no es inmediata, debe plantearse a largo plazo. Constituye un horizonte posible, una gran meta como culminación de un sistema, el capitalista, que ha conseguido sacar a millones de personas de la pobreza, pero que puede colapsar como consecuencia de la tecnificación masiva. Necesitaremos grandes dosis de innovación social, y la construcción de nuevos paradigmas basados en una educación capaz de formar personas libres, con sentido crítico, comprometidas socialmente, y con pleno desarrollo de sus capacidades y talento natural.

Podemos avanzar hacia un mundo casi utópico, donde la pobreza se haya abolido, la tecnología trabaje para sustentar el bienestar global, y donde las personas desarrollen su creatividad para ser felices. El talento libre y motivado por un propósito superior es la clave para la construcción de auténticas economías del conocimiento, creativas y humanísticas, generadoras de prosperidad compartida. En ese escenario, la economía de la felicidad es posible.


¡Espero que os guste el libro! Está ya en Amazon (aquí), y en librerías a partir del 30/10 😉

13 de octubre de 2017

REDES SOCIALES, CIBERSEGURIDAD Y DEMOCRACIA

Durante la campaña presidencial americana de 2016, unas 500 cuentas de supuestos ciudadanos americanos fueron sigilosamente abiertas en Facebook. Dichas cuentas compraron más de 3.000 espacios publicitarios políticos, y empezaron a emitir opinión sobre el curso de los acontecimientos, a abrir foros de debate, y a participar en debates preexistentes. Alrededor de las mismas se generaron falsas noticias (“fake news”) y posts inflamatorios (“inflamatory posts”), que se propagaron viralmente por la red, según The New York Times, en un ejercicio de operaciones organizadas por alguna misteriosa entidad, con la aparente finalidad de influir en los resultados presidenciales. Quienes estaban inyectando material de modulación de la opinión pública no eran pacíficos ciudadanos americanos. Eran trolls (agentes anónimos) rusos. Más de 100.000 $ fueron invertidos en la red social por grupos de activistas vinculados a la inteligencia rusa. Su efecto alcanzó a más de 10 millones de usuarios.

Hoy existe una batalla legal para que esas cuentas radiactivas sean desveladas, pero Facebook no quiere hacerlo (aunque sí que las ha compartido con el Congreso norteamericano).  Al fin y al cabo, Facebook es una compañía con negocios globales, y quizá no acierta a ofrecer soluciones a este inesperado problema, que hasta hace muy poco negaba, y que parece que tiene una dimensión muy superior a la que parecía. Sin embargo, la estrategia de intromisión digital va más allá de Facebook. Google ha hecho público que existen evidencias de material de influencia digital rusa en Youtube, Gmail y otras plataformas digitales. Incluso en Instagram, red de amplio uso entre adolescentes.

¿Tuvo Facebook un rol decisivo en la victoria de Donald Trump? Quizá nunca lo sepamos. Pero lo que ha ocurrido es un punto de inflexión en la concepción de la democracia y en el control de los instrumentos que pueden afectarla. Si, en lugar de los 100.000 $ detectados en modo de interferencia rusa para alterar la opinión pública norteamericana, alguien hubiera invertido un billón de dólares, ¿qué hubiera pasado? ¿Se puede modular, o incluso, transformar completamente un estado de opinión en una gran muestra de población conectada digitalmente? El posible impacto de Facebook en el resultado de unas elecciones parece, hoy por hoy incuestionable. Ya en 2010 se llevó a cabo un interesante experimento. En unas elecciones al congreso, se añadió a Facebook una aplicación electoral que constaba de tres gadgets: un mapa con los lugares de voto, un botón “I’ve voted”, y, una vez presionado éste, un gráfico que presentaba la imagen de 6 contactos que también habían votado. Se estimó que la aplicación movilizó directamente 60.000 nuevos votantes (que se hubieran abstenido sin ella), e indirectamente (a través de los contactos), 340.000 votos más. Algo que podía ser absolutamente decisivo, teniendo en cuenta que George Bush ganó Florida (y la presidencia) por sólo 537 votos.

Sumemos a ese brutal potencial de incidir en la opinión y en la conducta del ciudadano los potentes algoritmos de inteligencia artificial que están desarrollando todas las grandes empresas en la frontera digital, y su inmensa base de datos de usuarios (más de 2.000 millones en Facebook). ¿Y si, por ejemplo, Zuckerberg -o alguien que le pague por ello- detecta y segmenta automáticamente todos aquellos usuarios de Facebook cuyo perfil está relacionado con una determinada opción política, e inmediatamente empieza a diseminar material dirigido, para disuadirles de votar, o inducir un cambio de opción de voto? En marketing, las aplicaciones son inmediatas. Si queremos crear un estado de opinión sobre un producto -en positivo o en negativo-, sólo cabe acudir a Facebook. ¿Podríamos generar una campaña ofensiva de desprestigio del competidor, y borrarlo del mapa, a través de fake news u otras artimañas psicológicamente más elaboradas? ¿Podemos crear nuevas necesidades, de la nada, gracias a brutales campañas de márketing indirecto en Facebook? ¿Podemos posicionar o desposicionar un producto o una marca instantáneamente a través de redes sociales? 


En el mundo digital aparecen tantas oportunidades inesperadas como escalofriantes amenazas. A medida que digitalización se extiende, los dispositivos se interconectan y aparecen capas superiores de inteligencia, más y mejores sistemas de prevención y control deben activarse. La seguridad informática y el buen uso de los sistemas de información no sólo serán un tema estratégico a nivel militar, o político. Lo serán por su posible afectación en cualquier ámbito de la vida cotidiana. Este campo dará mucho que hablar en el futuro. Si lo descuidamos, podemos encontrarnos magnates rusos decidiendo elecciones en EEUU o Alemania, yihadistas convirtiendo en misiles las flotas de vehículos autoconducidos de las ciudades occidentales, o hackers norcoreanos dosificando la insulina de los enfermos de diabetes. Si conoce alguna start-up de ciberseguridad, invierta en ella. 

7 de octubre de 2017

DESDE LA DESOLACIÓN

Escribo desde la desolación de una semana que jamás podré olvidar. Empresas emblemáticas han anunciado que abandonan mi tierra, abrumadas por el miedo a la inseguridad jurídica y la incertidumbre ante lo que puede pasar. Caixabank (“La Caixa”), Banc de Sabadell, Gas Natural, Aguas de Barcelona, Oryzon Genomics, Dogi, Service Point… Empresas que temen quedar atrapadas en una especie de tierra de nadie, fuera del paraguas de la Unión Europea, posiblemente el mayor proyecto de solidaridad política y social del mundo. Proyecto que fue diseñado tras un siglo de guerras que desgraciadamente se ha borrado de nuestra memoria colectiva. 

Es cierto que quizá el movimiento de fuga de alguna de esas empresas sea sólo táctico, momentáneo, para tranquilizar a sus accionistas ante la imprevisibilidad y extrema incertidumbre del momento. Muchas volverán, porque sus mercados continúan aquí. Al final, sólo trasladan sus sedes sociales. Pero algo me dice que el fondo es estratégico. Catalunya puede perder en pocos días gran parte de sus activos financieros, tecnológicos e industriales, acumulados a lo largo de años de paciente trabajo. Me temo que una vez en otros entornos, poco a poco, nuevos directivos y nuevos horizontes se irán apoderando de esas compañías, alejando la posibilidad de nuevas inversiones, crecimiento y empleo en Catalunya. Deseo equivocarme. Pero, desgraciadamente, estos días turbulentos han empañado la potente imagen de Barcelona, y su marca internacional. Una ciudad abierta y cosmopolita, cuyo cénit se logró con los magníficos Juegos Olímpicos del 92, otro gran proyecto de colaboración y generosidad. Mucho deben cambiar las cosas para que las imágenes de esta semana, diseminadas por todo el planeta a velocidad digital, no eviten la cancelación de nuevas inversiones y la atracción de talento internacional. Miles de jóvenes estudiantes, que tenían Barcelona entre sus preferencias para formarse y disfrutar de una de las ciudades más bonitas del mundo, pueden estar ya buscando otros destinos en el mapa.

Perdonadme estos días de infinita tristeza. Se me agotan las ganas de seguir hablando sobre innovación, de seguir explicando batallitas sobre países y empresas que despuntan y generan valor, y de seguir motivando alumnos y lectores para que aprendan a innovar con éxito en un mundo cada vez más global, más complejo, y más dinámico. ¿Qué nos está pasando? ¿Vivo en una pesadilla? En una semana han pasado ante mis ojos, como en un surrealista cuadro de Dalí, imágenes de cargas policiales, ciudadanos aporreados por implacables antidisturbios, caceroladas en la noche, banderas por todas partes, escraches, carreteras cortadas, discursos irresponsables, miedos de corralitos, y fuga de sueños, muchos sueños que se van… No conozco la solución, ni quiero caer en la trampa de señalar al culpable. Quizá una generación entera de políticos deba marcharse urgentemente y dar paso a una nueva oleada de líderes que sepan reconducir la situación, buscar consensos, reparar las heridas, y recuperar el valor económico y social perdido.

Por suerte, siempre queda la montaña, el otoño, y el paso del tiempo, que también se llevará unos días tristes, que espero que olvidemos pronto.

25 de septiembre de 2017

SORPASSO DIGITAL

Según Bloomberg (ver aquí), Amazon se ha convertido ya en la empresa líder mundial en I+D, desbancando al antiguo campeón, Volkswagen. No es un tema menor. Es la prueba del nueve de que las tecnologías expansivas que van a impactar de modo más disruptivo en los próximos años son tecnologías de base digital (capitaneadas por la inteligencia artificial), y una nueva evidencia del cambio de signo de la economía del siglo XXI. Dejamos atrás las tecnologías industriales, y nos enfocamos masivamente en tecnologías digitales (sin obviar los campos de interacción entre ellas). Las empresas en la frontera digital, todas ellas extremadamente jóvenes, controlan definitivamente el mundo económico, dejando atrás a gigantes automovilísticos, químicos o farmacéuticos. Entre las diez empresas con mayores presupuestos de I+D del mundo, seis pertenecen a la esfera de la digitalización y las comunicaciones móviles: Amazon, Alphabet (Google), Intel, Microsoft, Huawei y Apple. Amazon invierte en I+D tres veces más que la vieja IBM, y su impacto en la economía se empieza a notar por todas partes. No sólo en el ocaso del retailing mundial (la quiebra de Toys R Us, la gran cadena de juguetes, es la última muestra de cómo el e-commerce está acabando con la distribución tradicional). También en la presión sobre rivales de naturaleza similar, como Google, que ve cómo el público deja de usar su buscador para encontrar productos y ofertas, y desvía su tráfico directamente hacia la gran interfase de compra mundial: Amazon.

¡Cómo ha cambiado el panorama en sólo una década! En 2004 ni una sola de las grandes plataformas digitales del mundo internet figuraba en el podio de la I+D mundial. Si entre los 10 líderes de 2004 encontrábamos 4 empresas automovilísticas (Ford, Toyota, Daimler y General Motors), hoy sólo queda Volkswagen en el “top ten” como último representante del viejo mundo del motor. Si los campeones del incipiente mundo digital eran Microsoft e IBM en 2004, hoy ya son seis los líderes digitales que figuran en el top. Si Siemens y Matsushita aparecían en 2004, hoy no queda ningún grupo industrial en la cima.


La gran batalla competitiva gira definitivamente hacia las tecnologías digitales. Que van a afectar profundamente la forma en que vivimos, trabajamos, aprendemos, consumimos, nos relacionamos, y opinamos, de manera inesperada e inquietante. Basta saber que, durante las últimas elecciones americanas, fueron abiertas en Facebook unas 400 cuentas falsas (conectadas a cuentas rusas), de teóricos ciudadanos norteamericanos, que compraron alrededor de 100.000 $ en diferentes anuncios publicitarios, y generaron infinidad de comentarios políticos (al parecer, de forma automática, mediante bots -robots digitales capaces de sintetizar texto o voz-) con la finalidad aparente de crear estados de opinión e incidir el resultado de los comicios. Ni siquiera Facebook conoce el alcance de este ciberataque (o cibercampaña), como acaba de reconocer el propio Zuckerberg. Una diferencia fundamental de las plataformas digitales respecto a las viejas marcas industriales es que, en un nuevo paradigma de sistemas de información que está en fase de gestación, las primeras no son capaces de controlar el impacto que sus procesos internos y externos pueden generar. Entramos, definitivamente, en la Era Digital.

10 de septiembre de 2017

¿ACEPTARÍAS UN ROBOT COMO CEO?

La Inteligencia Artificial causará en los próximos años una revolución que hará palidecer la llegada de internet. El incremento de potencia de los procesadores electrónicos, combinados con el desarrollo de nuevas tecnologías core en el campo de la Inteligencia Artificial (como machine learning, deep learning o reinforcement learning), más tecnologías de interacción (como visión artificial, realidad aumentada, y reconocimiento de voz y texto) crean el escenario perfecto para una explosión de nuevas aplicaciones en campos como los negocios, la administración, la educación, la defensa o el sistema sanitario.

La Inteligencia Artificial comprende un conjunto de tecnologías capaces de obtener datos del entorno, procesarlos, extraer patrones, tomar decisiones, evaluarlas, mejorar de su experiencia e interactuar de nuevo con el entorno, dando respuesta a los inputs recibidos. La interacción es casi humana (reconociendo imágenes, texto o voz, y respondiendo con inteligencia social, mediante voz o texto). Su expansión redefinirá por completo la relación persona-máquina y multiplicará, si cabe, el impacto de los sistemas de información en la sociedad moderna. Machine learning permite que las máquinas mejoren y corrijan sus errores. Deep learning habilita que se autoprogramen y redefinan sus mecanismos de funcionamiento internos (mediante redes neuronales artificiales que imitan el cerebro humano), y reinforcement learning facilita que aprendan desde cero, a partir de reglas simples, por prueba y error, hasta la frontera de lo posible. Los sistemas que ganaron a los campeones mundiales de Póker o Go desarrollaron excelencia en el juego desde la nada, a partir de sus reglas básicas, jugando miles de veces contra ellos mismos a la velocidad de la luz.

La máquina del futuro (imaginemos, el iPhone de 2030) será un dispositivo con la capacidad de cálculo de un supercomputador, conectado a bases de datos con toda la información disponible en el mundo, capaz de ver, leer y oír como un humano (entendiendo lo que ve, oye y lee); con habilidades de aprendizaje hasta el límite de la eficiencia en una tarea determinada (como jugar al ajedrez, analizar una inversión, identificar un cáncer a partir de una imagen, o detectar un estado de ánimo por la expresión facial de una persona); y capaz de interactuar (hablando o escribiendo) con inteligencia social y emocional casi humana.

Las aplicaciones de este tipo de dispositivo son infinitas. Imaginación al poder. Hoy existen algoritmos digitales que atienden consultas de alumnos en universidades, analizan inversiones, aconsejan estrategias jurídicas, diseñan logos, componen sinfonías, pintan cuadros (identificando los trazos o los ritmos de Bach o Rembrandt respectivamente, y replicándolos en nuevas combinaciones creativas), escriben noticias de actualidad, deciden titulares en periódicos, diagnostican enfermedades, o atienden a clientes en procesos de venta. Cada día aparecen noticias más sorprendentes sobre la Inteligencia Artificial: desde start-ups que ofrecen clones digitales de una persona (ver  http://eterni.me/: algoritmos que “captan” su personalidad, sus expresiones, y sus patrones de toma de decisiones y quedan almacenados para la eternidad como un avatar digital -quizá en un smartphone-, para cuando usted ya no esté), a sistemas capaces de anticipar enfermedades, o determinar orientaciones sexuales a partir de sus expresiones faciales (ver noticia aquí). China, país que ha apretado el acelerador con la vista puesta en el liderazgo mundial en esta (y otras) tecnologías, se propone desplegar sistemas ubicuos de reconocimiento facial para aplicaciones de seguridad. En China, alguien reconocerá en todo momento su cara para darle acceso a su oficina, al tren o al médico. También determinarán, en base a ella, si puede usted ser un asesino, si es homosexual, o si está sufriendo una depresión (ver aquí). El lado oscuro de la fuerza estará presente en la Inteligencia Artificial.


La revista Journal of Management Inquiry me ha publicado un artículo sobre el futuro del management en un mundo de cerebros electrónicos (ver aquí). ¿Cuál es el futuro del management (una ciencia social), en un mundo donde los humanos seamos reemplazados de forma creciente por máquinas, tanto en actividades repetitivas como específicas, cognitivas o manuales?. ¿Puede un robot dirigir una organización? ¿Puede liderar? ¿Puede emprender? El management se va a ver fuertemente impactado por estos sistemas. No sólo en aquéllos procesos de negocio más dependientes de los datos y de la optimización matemática (como la dirección de operaciones o el supply chain). También en procesos que requieran creatividad, estrategia y socialización. Alguien puede creer que la dirección estratégica, la innovación o la relación con el cliente serán las últimas reservas del management humano. Pero la fuerza de la tecnología nos presenta cada día más evidencias de que las máquinas también son capaces de desarrollar mejores estrategias, mejores diseños creativos, más innovación y mejor interacción con el cliente que los humanos. ¿Cuánto tiempo tardaremos en ver nuestros CEOs substituidos por algoritmos de machine learning?

1 de septiembre de 2017

IND+I SCIENCE: PREMIS PER LA RECERCA ORIENTADA A CATALUNYA

IND+I Viladecans (http://indi.cviladecans.cat/) és una iniciativa de l’Ajuntament de Viladecans, juntament amb la Generalitat de Catalunya, Incasòl, Delta BCN, Diputació de BCN i Àrea Metropolitana. L’objectiu: generar coneixement i opinió, debatre i liderar iniciatives sobre innovació, recerca industrial i noves tecnologies per tal de millorar la competitivitat territorial i crear impacte econòmic i social. Compta amb el suport de la Universitat de Vic- Universitat Central de Catalunya, Eurecat, EsadeCreàpolis, Pacte Industrial de la Regió Metropolitana, Deusto, Fira de Barcelona, Pla Estratègic Metropolità, CECOT, Cambra de Comerç de Barcelona i Roca Radiadors, entre d’altres.

Una de les seves iniciatives és IND+I Science. El seu objectiu és alinear la recerca existent sobre innovació per tal d’orientar-la a la generació de coneixement útil pel desenvolupament competitiu de Catalunya. Amb aquesta finalitat, l’IND+I Science llança 8 premis de recerca per propostes de tesis doctorals amb impacte sobre innovació, indústria i l’agenda de les ciutats sostenibles. La iniciativa es fa conjuntament amb l’Institute for Innovation and Public Purpose de la Dra. Mariana Mazzucato (https://www.ucl.ac.uk/bartlett/public-purpose/news/2017/jul/iipp-joins-forces-indi-launch-competition-develop-new-notions-public-value)

A Catalunya existeix talent, i es fa recerca de qualitat en l'àmbit de la innovació, la indústria i l'agenda de les ciutats sostenibles. Les universitats catalanes disposen de nombrosos grups de recerca relacionats amb aquests temes i, contribueixen de forma rellevant a les revistes científiques especialitzades d’arreu del món.
 
No obstant, aquesta producció de coneixement està atomitzada. La major part de les nostres universitats, departaments i instituts no connecten entre ells la recerca generada ni l’alineen en base a un fil o objectiu comú d’acumulació de coneixement.  Això fa que en general, la recerca no sigui directament útil per a la nostra economia i societat. Es podria dir que aquesta falta de direccionalitat general també és causada per la falta d’un encàrrec sistemàtic des de les institucions públiques i privades que podrien ser-ne usuàries. L'Institut Basc per la Competitivitat, Orkestra (DEUSTO – Govern Basc), seria un bon exemple de com es pot fer ambdues coses, amb un resultat evident pel que fa a la influència del pensament i recerca científiques sobre el disseny i la implementació de polítiques públiques de desenvolupament econòmic i territorial d’Euskadi. Es tracta de fer possible, en el cas de la innovació, la indústria i les ciutats, el que sembla moltes vegades impossible: la tercera missió de les universitats.

L'IND+I inicia aquest curs el projecte IND+I Science per a omplir aquest buit, en un moment històric de revolució tecnològica en el que moltes coses de la nostra vida i la nostra manera de consumir i produir de bens i serveis està canviant radicalment. Els 8 premis de 1.500 euros d’enguany són el primer pas per anar construint un espai - palanca de generació de coneixement que sumi tot el que ja s'està fent en aquest àmbit. Poden presentat assajos els estudiants de doctorat d’una Universitat de Catalunya o, en cas d'estudiants catalans, també de qualsevol programa de doctorat d’universitats espanyoles o estrangeres.

Per a assegurar la màxima qualitat científica i la connexió del coneixement generat a Catalunya amb el de la resta del món, l’IND+I Science compta amb la col·laboració activa de Mariana Mazzucato, ponent principal de l’última edició de la jornada IND+I, i el recentment creat Institute for Innovation and Public Purpose (University College of London) que ella dirigeix i des del que apadrina aquesta iniciativa. Aquest soci formarà part del jurat, tot prioritzant l’exploració, en els àmbits de la innovació, la indústria i les ciutats, de l’ús de conceptes i mètriques diferents de valor públic per aconseguir objectius socials i de sostenibilitat, en la línia del model d’innovació per missions proposat per ella.
 
D’altra banda, per a convocar aquests premis de recerca, l’Ajuntament de Viladecans compta amb el finançament de l’Àrea Metropolitana de Barcelona i suma de manera estratègica amb el Pla Estratègic Metropolità de Barcelona i el Pacte Industrial de la Regió Metropolitana de Barcelona, dos associacions compromeses amb el desenvolupament i la sostenibilitat del territori metropolità i amb vocació de contribuir a incentivar, divulgar i apropar  el coneixement basat en evidència científica als agents públics i privats que prenen decisions al nostre país.

Per més detalls, podeu veure aquí les bases dels premis: http://indi.cviladecans.cat/wp-content/uploads/Convo-indi-science-en.pdf. No us despisteu, el termini s’acaba el 20 d’octubre.

Xavier Ferràs i Jordi Garcia, President i Secretari del Comitè Científic IND+I



30 de agosto de 2017

COSTE MARGINAL CERO

¿Nos acercamos a una economía de coste marginal cero? Esta es la tesis que anticipaba Jeremy Rifkin hace unos años en su libro “The Zero Marginal Cost Society”. ¿El avance de la tecnología nos lleva a un modelo económico donde bienes y servicios se produzcan a coste cero? Parece que es así. La economía digital tiene naturaleza de coste marginal cero. Desarrollar un nuevo programa de software (por ejemplo, un nuevo sistema operativo) es una inversión significativa. Pero la segunda unidad es una copia digital de la primera, cuyo coste de producción es nulo. Esta característica se extiende a medida que la economía se digitaliza: realizar una superproducción cinematográfica, un nuevo single musical, o un best-seller significa una inversión en tiempo y dinero. Pero los canales digitales las distribuyen a coste cero. El coste marginal de un usuario más en Facebook es cero. El coste de formar un alumno más en un curso on-line, o a través de un MOOC es nulo. Una vez programado un sistema automático de inteligencia artificial (un “bot” -robot de voz-) para atender al alumno en una universidad, para recibir quejas del cliente en un call center, o para asesorar clientes on-line en una entidad bancaria, el coste de un servicio adicional (una nueva consulta) es cero. Y, el sistema puede atender miles, o cientos de miles de consultas simultáneas. Cuando tengamos sistemas de asesoramiento personalizado basados en inteligencia artificial (en medicina o derecho, por ejemplo) dispondremos de médicos o abogados a coste cero. Cuando se popularicen los avatares digitales interactivos, el coste de un profesor digital, o de un responsable de ventas digital con capacidad cognitiva casi humana será cero. El coste de un transportista será cero cuando se extiendan los algoritmos de conducción automática: el primer algoritmo de, por ejemplo, un nuevo modelo de Tesla tendrá un coste de desarrollo muy elevado. Pero el mismo algoritmo podrá ser distribuido digitalmente, a coste cero, a todos los vehículos de Tesla. Y, a medida que dichos algoritmos aprendan de su experiencia (machine learning), transmitirán sus conocimientos (se actualizarán las versiones de software) a coste cero al conjunto de vehículos Tesla, haciéndolos más y más eficientes

La presión hacia el coste cero no sólo se debe a la naturaleza de los sistemas digitales. Los propios sistemas digitales hacen más eficiente la competencia económica y la disponibilidad de información en otros sectores. Por ejemplo, mediante sistemas de economía colaborativa. La presión hacia el coste cero se ejerce también mediante agresiva innovación de procesos o mediante operaciones corporativas y brutales economías de escala (es interesante ver cómo Whole Foods, cadena de supermercados orgánica, posicionada en el segmento premium está bajando precios por debajo de la cadena de descuento Walmart, tras la compra de la primera por Amazon). Y la propia revolución tecnológica genera una potente deflación en los productos. La tecnología, con ciclos de desarrollo cada vez más cortos, es una increíble fuerza deflactora (reductora de precios): un producto tecnológico de nueva gama pierde buena parte de su valor inmediatamente después de su compra, obsoletado inmediatamente por nuevas generaciones de producto.

El fenómeno se extiende más allá de los sectores de naturaleza nativa digital. No sólo el procesado de bits tiende al coste marginal cero: también el procesado de átomos o de células. La impresión 3D permite, en manufacturing, avanzar hacia un modelo de producción doméstica, en el cual, a partir del plano digital, y disponiendo del material, la fabricación de una nueva pieza tenga coste marginal cero. Laboratorios biológicos son capaces de tratar información genética (con principios y soportes digitales), para desarrollar alimentos artificiales (genéticamente idénticos a los originales) a partir de células madre, virtualmente de la nada. La materia y la energía se tratarán de forma creciente y cada vez más eficiente, a partir de información digitalizada, transfiriendo los principios de la digitalización a productos físicos y sistemas biológicos.

Todo ello genera una gran paradoja en el capitalismo: para la economía ortodoxa, en un sistema perfectamente competitivo, el ingreso marginal iguala el coste marginal. Pero si el coste marginal es cero, ¿cómo generar ingresos marginales? Y, aún más, ¿cómo mantener márgenes empresariales?. En términos de estrategia competitiva: ¿cómo competir con alguien que es capaz de generar productos y servicios a coste cero? En términos socioeconómicos: ¿cómo mantener una economía de bienes y servicios gratuitos, cuya producción no genera costes (tampoco costes salariales)? Se abren escenarios tan utópicos como escalofriantes.